Corrupción

LA DIETA DE MADURO/ Javier Vivas Santana

La dieta de Maduro no sólo es una construcción originada de la sabiduría popular. Su semántica encierra el disfraz de un gobierno que autodenominado “socialista” ha aplicado contra los venezolanos el más perverso ajuste neoliberal; es decir, nos empobrece, pulverizando nuestros salarios, y generando una espantosa inflación, y una liberación solapada de la tasa de cambio, o lo que es lo mismo, destruyendo la moneda nacional.

La dieta de Maduro es aquella que liquidó todo el aparato productivo de un país para justificar grandes negocios con empresas de maletín y mafias corruptas del gobierno, en simbiosis con sectores financieros a través de importaciones fraudulentas. La dieta de Maduro, en contrario sobre lo anterior, disminuyó drásticamente las importaciones de alimentos y medicinas para un pueblo con el propósito de pagarle nuestras divisas a los más ricos del mundo ubicados en Wall Street, la cuna del capitalismo.

La dieta de Maduro, no es una simple oración con ironía. La dieta de Maduro es una lamentable realidad, cuya génesis está en la incompetencia de unos insensibles quienes se han adueñado del país como si fuera una hacienda de éstos de aquellas entre los siglos XV y XIX, con la diferencia que los esclavos tenían que ser alimentados para poder cumplir sus faenas, mientras el pueblo, en esta mácula de la historia, lo tienen sometido por el hambre.

La dieta de Maduro es la más humillante de las situaciones sociales que haya vivido el país, porque estamos con una disminución forzada en la ingesta de alimentos, bebidas y medicinas, razón por la cual, los venezolanos (adultos y niños) ante un déficit en nuestros distintos componentes nutricionales y proteínicos, nos hemos convertido en una generación de permanente caquexia.

La dieta de Maduro es aquella que ahoga económicamente a las familias de Venezuela, cuando vemos que nuestras neveras están vacías. La dieta de Maduro es la misma que nos ha obligado a convertirnos en limosneros de un salario, el cual para nada cubre las necesidades básicas para sí mismos y menos de nuestros seres queridos. La dieta de Maduro nos limita la posibilidad de alimentarnos de manera balanceada, porque millones de familias no podemos comer tres veces al día.

La dieta de Maduro nos ha hecho retornar a etapas que pensábamos superadas. La dieta de Maduro nos ha permitido ver madres con sus hijos disputarse un mendrugo o residuos de comida en el medio de la basura, al lado de indefensos animales como perritos y gatitos. La dieta de Maduro es la ruina de un país, porque decreta la pobreza y la miseria de un pueblo que no tiene el qué comer, el cómo afrontar el día a día ante la realidad social.

La dieta de Maduro ha dejado en evidencia que además de no poder satisfacer nuestras necesidades alimenticias, el venezolano común tampoco tiene suficiente dinero para la educación, salud, transporte, servicios públicos, alquiler, ropa y calzado. La dieta de Maduro, no es una simple visualización del cómo hemos perdido peso, sino que pagar servicios fundamentales y comprar bienes esenciales se convirtieron en lujos para una población.

La dieta de Maduro lo que realmente nos coloca duro es el sentimiento de lucha contra un gobierno, cuando vemos morir a un niño o un anciano de hambre. La dieta de Maduro es un mal chiste sobre disfunción eréctil, que tal vez aplique en relación con las cúpulas del partido oficialista, por razones que ellos sólo conocen en sus rojos y negros espacios.

El presidente de la República, por fin se dignó en hablarnos de una dieta que lleva su nombre, la cual se ha hecho común en el habla popular. Tal vez, sin saberlo el máximo gobernante del país, cuando nos dijo aquella infeliz frase: “La dieta de Maduro te pone duro”, hizo gala de una hemiasomatognosia, combinada con una especie de misoplejia; verbigracia, conforme no hablo en sentido figurado lo que he mencionado sobre la dieta de Maduro, tampoco es figurado, la preocupante praxis verbal que conjuga el presidente. He sido estudioso del pensar y sus componentes cerebrales en los últimos años. Por ello, en una oportunidad, escribí en este portal sobre la prosopagnosia de Maduro¹. La dieta de Maduro es la visión autolítica de una forma de pensar que se pretende aplicar sobre un país. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

¹http://www.aporrea.org/ideologia/a209756.html

Javier Vivas Santana
@jvivassantana
Autor de la Teoría de La Regeneración del Pensar

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