Economía

ECONOMÍA DE GUERRA Y “GUERRA ECONÓMICA” BOLIVARIANA/ Orlando Ochoa Terán/ Soberania.org

¿Cómo pudo, esta horda de facinerosos bolivarianos, arruinar un país al tiempo que recibía los mayores ingresos de su historia, sin precedentes en el continente? ¿Cómo explicar este fenómeno?¿Cómo pudo, esta horda de facinerosos bolivarianos, arruinar un país al tiempo que recibía los mayores  ingresos de su historia sin precedentes en el continente? ¿Cómo explicar este fenómeno?

 

Ninguna de las fuerzas militares enfrentadas durante la Segunda Guerra Mundial infligieron más daño a la economía de países enemigos que el daño que ha recibido Venezuela de oficiales de su FAN bolivariana

 

Hace algunas semanas el economista José Guerra, probablemente con el ánimo de ilustrar la caótica situación que vive Venezuela, la describió como una “economía de guerra”. Otros dirigentes políticos lo han imitado. Nada más desacertado.

Por definición una economía de guerra se centra en la producción de bienes y servicios que ofrezcan mayor soporte a los esfuerzos del conflicto. En la práctica las partes beligerantes se embarcan en una carrera contra el tiempo para elevar la producción industrial, el desarrollo tecnológico, nuevos servicios y avances en materia de salud. La diferencia básica con una economía en tiempos de paz es que el esfuerzo es redoblado en algunas áreas de interés militar, generalmente a expensas de otros sectores de la producción. Al contrario de la “guerra económica” que se inventó Maduro, los mayores avances científicos y tecnológicos han tenido lugar en medio de una economía de guerra.

No obstante, en el imaginario popular y también en el de algunos economistas, persiste el mito de que una economía de guerra implica una caída brutal de la producción industrial, escasez de alimentos, desempleo, espiral inflacionaria y colapso de la infraestructura eléctrica, acueductos y transporte como la sufrida por los venezolanos.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial el avance científico y tecnológico produjo un arreo de descubrimientos cuyo impacto y aplicaciones contribuyeron en gran medida al acelerado proceso de desarrollo industrial de la era moderna. Bajo el auspicio de la inteligencia británica se creó por primera vez la computadora con el objetivo de descifrar las comunicaciones militares de Alemania. El radar, el sonar, el jet a propulsión y el uso industrial de la energía nuclear fueron algunos de los logros de la ciencia y la tecnología en una economía de guerra. Los científicos, autores del estudio ‘Disease Control Priorities in Developing Countries’, aseguran que el período de mayores logros de la historia de la biomedicina, en el sentido de mejorar la salud de la sociedad, fue durante la Segunda Guerra Mundial.

Pese a las ventajas económicas de los países Aliados la superior calidad militar de Alemania se impuso hasta mediados de 1942. “Ninguna persona racional habría podido anticipar el resultado final”, comenta el historiador británico Richard Overly en su excelente historia analítica del conflicto titulada, ‘Why the Allies Won’. Es a partir de ese año que la economía se abre paso en medio de la guerra hasta imponerse sobre las otras variables.

Desde septiembre del año de 1939, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, hasta su fin en el año de 1945, el crecimiento del producto interno bruto de las potencias beligerantes fue asombroso. El PIB combinado de los Aliados, a precio de dólar internacional de 1990 y calculado en millardos en 1938, era de 919. En 1945, año en el que termina la guerra era de 2.790. El PIB de los países del Eje en 1938 era de 686 y en 1944 alcanzó 748. El país que sufre un impacto negativo en su desarrollo económico, del cual se recupera rápidamente, es la Unión Soviética que, como se sabe, es invadida en junio de 1941 por un Ejército Alemán compuesto de 153 divisiones equipadas con 3.350 tanques, 7.200 piezas de artillería, 2.770 aviones de combate, 600.000 vehículos de motor, 700.000 caballos y 3.8 millones de personal de tropa.

Pero la Unión Soviética, en un asombroso alarde de organización, en cuestión de semanas desmantela toda la industria soviética al sur de Moscú la traslada a Siberia donde en menos de un año reinicia un plan centralizado de desarrollo industrial que eventualmente conduce al triunfo sobre el calificado ejército alemán. Los números no pueden ser más elocuentes. Fabricación soviética de aviones de combate: 1940= 10.565; 1941= 15.735; 1942= 25.436; 1943= 34.900; 1944= 40.300.  Fabricación de tanques 1940= 2.724; 1941= 6.590; 1942= 24.446; 1943= 24.089; 1944= 29.963. Piezas de artillería: 1940= 15.300; 1941=42.300; 1942= 127.000; 943= 24.089; 1944= 29.963.

Mientras que la “guerra económica” venezolana ha obligado al gobierno bolivariano a trabajar 2 días a la semana de 9 am a 1pm, la economía de guerra del régimen comunista soviético impuso la eliminación de vacaciones, 12 horas de trabajo diario más 3 horas de sobretiempo. ¿Alguna semejanza en la manera de librar una guerra de estos comunistas rusos con la zoología revolucionaria?

Entre 1939 y 1944 el promedio anual de aviones de combate fabricados por Alemania fue de 20.000 unidades, buques de guerra 200, tanques promediaron 15.000 unidades y piezas de artillería 20.000. El tamaño del Ejército de Estados Unidos pasó de ser el octavo en el mundo al primero en 1945. La producción masiva que los capitanes de industria americanos ya la habían impuesto en la industria automotriz, se aplicó a la fabricación de tanques, aviones y barcos con resultados impresionantes.

Pese a los 3 millones de toneladas de explosivos que los aliados dejaron caer sobre Alemania con el objeto de debilitar su infraestructura eléctrica, de transporte y de distribución de aguas, sus efectos fueron limitados gracias al increíble esfuerzo de recuperación de la ingeniería alemana. Expertos militares que cuestionaban la eficacia del bombardeo estratégico creen que la ingeniería alemana impidió que los daños permanentes, hasta el año de 1944, superaran el 15% de la infraestructura. 

Un estudio de la Universidad de Cambridge sobre el efecto en la salud del racionamiento de alimentos en el Reino Unido durante los años de guerra concluyó que la disminución de ingestas cárnicas y el aumento de alimentos con altos índices de fibra y una eficiente infraestructura de distribución habrían contribuido a mejorar la salud de la población británica. Este impresionante desarrollo industrial no habría sido posible sin una infraestructura eléctrica, de transporte y de salud.

En un estudio económico sobre las relaciones entre guerra e inflación la experta Judy Shelton concluye que durante la Guerra Civil de EEUU la inflación promedió 117%; en la Primera Guerra Mundial 127%; durante la Segunda Guerra Mundial 108%. Una fracción de la inflación que sufre Venezuela mientras Maduro libra su ridícula “guerra económica”.

Con estas cifras a la mano se podría decir que ninguna de las fuerzas militares enfrentadas durante la Segunda Guerra Mundial infligieron más daño a la economía de países enemigos que el daño que ha recibido Venezuela de oficiales de su FAN bolivariana una vez devenidos en administradores de empresas públicas, políticos, ministros, diputados y funcionarios corruptos. Sin contar que el número de homicidios de la era bolivariana supera la de las bajas de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo pudo, esta horda de facinerosos bolivarianos, arruinar un país al tiempo que recibía los mayores ingresos de su historia, sin precedentes en el continente? ¿Cómo explicar este fenómeno? ¿En qué momento del desarrollo genético del tejido social de Venezuela ocurre la ruptura que origina este genotipo bolivariano caracterizado por tantas y colectivas limitaciones intelectuales? ¿Es esta la explicación para que generales, magistrados del TSJ, rectores del CNE, ministros, fiscales, jueces y dirigentes bolivarianos caminen como zombis hacia el previsible infierno que les espera?  

¿No saben estos lerdos bolivarianos cómo se vengan los pueblos que se sienten traicionados y humillados por los déspotas y sus entornos? ¿No han oído hablar estos mensos cómo terminó Nicolae Ceauccescu? ¿Benito Mussolini? ¿Muammar Gadafi? ¿Saddan Hussein? ¿Slobodan Milosevic? ¿Charles Taylor de Liberia? ¿Rafael Leonidas Trujillo? ¿Manuel Noriega de Panamá? ¿Jorge Rafael Videla de Argentina? ¿Los generales, ministros y jueces del Juicio Núremberg? ¿No se enteraron de que hubo miles de ejecuciones y linchamientos de colaboracionistas en Francia? ¿Noruega?  ¿Holanda… y en otras latitudes más civilizadas que nuestro trópico?

¿Qué esperan estos bolivarianos para correr antes que los declaren semovientes de caza libre?

 

Orlando Ochoa Terán
Periodista y Analista político
o.ochoa@att.net

+Comentarios+

Dejar un comentario

Tu correo no será mostrado

Tu nombre (required)

Correo (required)

Asunto