General

HISTORIA DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

52 Años de Dignidad Revolucionaria

 Historia de Partido de la Revolucion Venezolana
Después de un largo proceso de luchas internas en el seno del PCV y en general de la izquierda venezolana y, precisamente, en el momento en que el inexorable proceso de la historia empujó a las vanguardias de aquel entonces a su más grande encrucijada: nace el Partido de la Revolución Venezolana.
Definido nuestro Partido como la herramienta para la toma del poder político por parte de la clase obrera y demás clases explotadas y empobrecidas, viene a llenar el vacío político que durante cuatro décadas había existido, pero que sólo a fines de 1965 y comienzos de 1966 y como producto de la crisis de la revolución venezolana, se había evidenciado ostensiblemente. He allí pues, las raíces inmediatas de la aparición de una vanguardia revolucionaria, marxista-leninista que, forjada al calor de la lucha de clases y de su más alta expresión: la guerra, moldea su filosofía política y su estructura organizativa. Pero sus antecedentes remotos hay que buscarlos en ese largo proceso de luchas internas del PCV que arrancan desde su propio nacimiento. En su agitada vida interna, las diferentes corrientes ideológicas en pugna no eran más que el reflejo de la lucha de clases. Los sucesivos desprendimientos y expulsiones, fueron dejando un saldo de partidos, grupos y personalidades que quedaron al margen de la estructura pecevista como resultado de la aplicación de una línea política que expresaba una ideología de esencia pequeño-burguesa y reformista.
El 23 de abril de 1966 culmina el proceso de mayor trascendencia en las luchas internas del PCV. No es un partido o un grupo más de los que surgen. No hay lucha caudillista o burocrática con apenas diferencia de matices. Es el deslinde categórico en lo ideológico, el enfrentamiento de dos ideologías radicalmente opuestas que define dos campos filosóficos precisos: la ideología burguesa y pequeño-burguesa frente a la ideología proletaria, marxistaleninista. Multitud de cuadros y militantes revolucionarios, quienes no habían perdido la perspectiva revolucionaria, muchos de ellos fundadores del PCV, suman sus esfuerzos al núcleo principal que en el año 1965 y 1966 rompe ideológica y orgánicamente con el PCV.
II
En el año 1957 el XIII Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela aprueba una táctica política que significó uno de los mejores aportes políticos para la derrota de Pérez Jiménez. Su esencia puede sintetizarse en la búsqueda de un bloque de todas las fuerzas que se oponían a la dictadura y luchaban por el advenimiento de un régimen de amplias libertades. Con este criterio, se hace posible en junio de ese mismo año, el nacimiento de la Junta Patriótica, dirigida por Fabricio Ojeda en representación de su partido URD y compuesta también por representantes del PCV, AD y COPEI. El PCV era indudablemente la fuerza política más cohesionada y organizada de ese bloque. Las luchas internas en el seno del PCV para ese entonces, habían menguado de manera muy significativa… El PRP de Rodolfo Quintero, prácticamente se habían extinguido y algunos de sus cuadros principales tanto en el extranjero, como en las cárceles se acercaban e incorporaban al PCV. Juan Bautista Fuenmayor y el sector que lo seguía, que había sido expulsado en 1951, no ejercían influencia alguna en las luchas políticas y sociales. La vieja dirigencia, representada por los Machado, vivía el exilio dorado.
Los dirigentes de la llamada generación del 37, con Pompeyo Márquez a la cabeza, contaban plenamente con la adhesión de la escasa militancia del PCV y la Juventud Comunista. El cuadro político del país, venía siendo lentamente conmovido por un fenómeno que para ese entonces no estaba claro para la dirección del PCV: en la década del perezjimenismo el país había alcanzado un brusco desarrollo capitalista dependiente y atrofiado, donde las relaciones semifeudales de producción habían dejado de ser el factor predominante, pero la superestructura estaba anclada en un gobierno de corte absolutista. Esta importante contradicción viene a ser el motor generador de las luchas que desembocan en el movimiento insurreccional cívico-militar del 23 de enero. Por otra parte, el gobierno de Pérez Jiménez, no obstante de ser la expresión política de las clases dominantes, trata de colocarse por encima de ellas, organizando una capa burocrática que, con las ventajas del poder, se beneficiaba de la inmensa riqueza del Estado venezolano, que le restaba ganancias a los poderosos grupos monopolistas de la burguesía venezolana (Vollmer, Mendoza, Defino y Cia., etc.) En la madrugada del 23 de Enero es derrotado Pérez Jiménez, desencadenando un violento auge popular de tan vastas proporciones que planteaba para la vanguardia de aquel entonces, la necesidad de un viraje táctico, cuya esencia tenía que ser un nuevo bloque político que, como expresión de las clases populares, excluyera a la burguesía y orientara el peso de sus fuerzas, precisamente contra ella. Esto fue lo que no previó el PCV. Tercamente se aferró a la vieja táctica, estrangulando así la más brillante oportunidad de pasar –sin interrupciones- de una lucha de carácter democrático-antidictatorial a una lucha de carácter liberador y socialista. La estructura económica y de clases prevaleciente no sufre ninguna alteración, aún cuando sus mandos económicos, políticos y militares estaban a la defensiva frente al auge popular. La estructura militar-policial había sido desbaratada. Las Fuerzas Armadas Nacionales estaban confinadas en los cuarteles, El sólo hecho de que la dictadura militar perezjimenista las tenía como su soporte principal las inhibía de tal manera, que les restaba capacidad de maniobra.
La correlación de fuerzas en el plano político de masas había cambiado sustancialmente. La Junta Patriótica emergía como un poder popular que se extendía rápidamente por todo el país. El PCV era la fuerza política de mayor prestigio y autoridad. En estas circunstancias, la lucha interna en su seno, queda reducida a la más mínima expresión. La alegría de comparsa de la llamada “Unidad del 23 de Enero” ahoga toda posibilidad de enfrentamientos ideológicos que hubieran podido conducir a una clarificación política que despejara el horizonte. Otro factor importante viene a contribuir a que las ideas revolucionarias en el seno del PCV puedan imponerse en esa trascendental coyuntura histórica. Se trata del violentísimo crecimiento que experimenta el PCV, que en pocos días llega a duplicar su militancia con una abrumadora mayoría proveniente de la pequeña burguesía, la cual –en ausencia de un núcleo firmemente apoyado en una clara ideología marxistaleninista- satura a la organización con sus ideas y su característica inestabilidad política. La pugna ideológica tenía como centro los problemas de elecciones libres, retorno a la constitucionalidad, candidato único a la presidencia, tregua obrero patronal, etc. Sólo a nivel de la dirección y en forma muy tímida, se tocaban algunos temas de importancia. El llamado “aparato armado” que fuera constituido antes de la caída de Pérez Jiménez provocaba fuertes polémicas en la dirección de Partido en torno a su validez. El sector marcadamente de derecha propugnada su disolución. Jesús Farias y Pedro Ortega Díaz encabezaban esta posición. Un punto de vista ambiguo era sostenido por Gustavo Machado y Pompeyo Márquez. Guillermo García Ponce, Eduardo Machado, Teodoro Petkoff, Douglas Bravo así como la mayoría de la dirección de la Juventud, no sólo defendían la vigencia del aparato armado, sino su desarrollo. Las posiciones de este sector no eran uniformes, pero en general coincidían con lo más importante: preparar al Partido para la lucha armada. Conscientes de la autoridad que ejercía Pompeyo Márquez en la organización, consideraron punto importante ganarlo para estas posiciones. Las viejas rivalidades que, como hemos dicho anteriormente, habían sido atenuadas, empiezan a manifestarse tímidamente en torno al problema del “aparato armado”.
III 
El auge popular que arranca con la caída de Pérez Jiménez, no es canalizado por la Dirección derechista del PCV con un contenido clasista. La abierta política de conciliación de clases del PCV empuja a la clase obrera a participar sólo en aquellos conflictos huelgarios en los que estaba interesada la burguesía y que tenía como finalidad detener la insurgencia del derrotado perezjimenismo. A partir de esta posición se articula toda una táctica política llamada “tregua obrero-patronal” cuyo fundamento descansaba en no crearle conflictos a los capitalistas porque “podía abrir una brecha” a través de la cual se deslizaría la conspiración que provocaría el retorno del perezjimenismo. Ante tan falaz y entregûista tesis, la clase obrera, el campesinado y otros sectores populares, se encontraban virtualmente amarrados y solo tenían “derecho” a protestar cuando a la burguesía y a la pequeña burguesía, les conviniera.
Pero el año 1959 se inicia con un trascendental acontecimiento que va a tener profunda repercusión en las luchas populares de Venezuela y de toda la América Latina durante la década del 60: el triunfo de la Revolución Cubana. El primero de enero de 1959 se derrumba la dictadura de Fulgencio Batista y las fuerzas rebeldes de Fidel Castro avanzan victoriosas hacia el poder. Se estremece todo el continente americano y particularmente Venezuela, país donde apenas hacía un año, había sido derribado un dictador similar. El auge popular toma nuevos bríos y en el seno del PCV surgen por primera vez las ideas en torno a la necesidad de revisar crítica y autocráticamente lo que había sucedido la madrugada del 23 de enero y en las sucesivas coyunturas que se presentaron durante ese año de 1958. Las posiciones de izquierda empiezan a hacerse sentir en las orientaciones del PCV. La tregua obrero-patronal empieza a desmoronarse. Los sectores más avanzados del PCV comienzan a cobrar conciencia de que el cuadro político del país hacía prever un inevitable enfrentamiento entre las fuerzas populares y el gobierno de Rómulo Betancourt. Por supuesto que ya esta situación de enfrentamiento entre el pueblo y la reacción estaba planteada aún desde el período de Larrazabal, cuyo gobierno de amplias libertades públicas ofrecía un contraste que se expresaba en un poderoso movimiento de masas y un gobierno que, aun cuando garantizaba esas amplias libertades, era la expresión política de las mismas clases dominantes que sostenían a Pérez Jiménez. Los enfrentamientos ideológicos en la dirección del Partido empiezan rápidamente a polarizarse. Pero esta situación no trasciende a la base. En agosto de 1959 se produce un hecho que va a afianzar con más fuerza las posiciones de izquierda dentro del Partido: una manifestación de desempleados es reprimida violentamente por las fuerzas betancouristas con el saldo de cuatro muertos, varios heridos y centenares de presos. En toda Venezuela se comienza a vivir una situación revolucionaria que está firmemente apoyada en el llamado período de la “recesión económica”. Este período va desde 1959 hasta 1962. En el año 1959, las petroleras rebajan el precio del barril petrolero, reducen la actividad exploratoria y despiden un 25% de sus trabajadores y empleados. Los inversionistas extranjeros se mantienen a la expectativa. El gobierno de Betancourt para resolver la crisis, recurre a la devaluación directa e indirecta de la moneda. Las acciones populares van creciendo cada vez más. Entre 1958 y 1959 los campesinos efectuaron 200 tomas de tierras. Las huelgas obreras, estudiantiles, de pequeños productores se desarrollan ampliamente. En 1960 sufre su primer desprendimiento, el más significativo y el de mayor trascendencia desde el punto de vista ideológico y que da lugar al surgimiento del MIR. URD abandona el gobierno.
La crisis militar conmueve a los cuarteles. En fin, la crisis política se agiganta. En esas condiciones, las posiciones de derecha en el seno del PCV se repliegan completamente, pero las posiciones de izquierda no están sólidamente cohesionadas, ni las posiciones más consecuentes dentro de ellas se apoyan en una política clasista, proletaria, marxista-leninista. Esto da pié para que la pequeña burguesía radicalizada encuentre el terreno abonado y le impriman a la dirección una orientación ultra-revolucionaria, más bien izquierdizante, aventurera, precipitada, sin la sistemática preparación del Partido para el inevitable enfrentamiento que se avecinaba. En medio de este cuadro político estalla la lucha armada en 1962. La polémica que se venía desarrollando en torno al carácter de la revolución, al papel de la guerrilla, de los desprendimientos militares, queda virtualmente paralizada por el fragor de la lucha y no volverá a aparecer con fuerza hasta después del primero de diciembre de 1963, fecha en que las elecciones le dan el triunfo nuevamente al partido AD y ponen de manifiesto el fracaso de la política golpista y electorera del PCV y el MIR. Pero la crisis de la revolución no comienza ese día. Allí sólo se hacen ostensibles algunos de sus rasgos.
El 30 de noviembre de ese mismo año fueron detenidos los parlamentarios comunistas y miristas y con ellos los cuadros de dirección de ambos partidos. Es a partir de ese momento cuando Betancourt adquiere mayor capacidad de maniobra, aglutina al conjunto de las fuerzas reaccionarias, neutraliza a vastas capas de la pequeña burguesía representadas en los partidos reformistas de oposición y crea un cuadro favorable para lanzar la ofensiva militar contra los frentes guerrilleros. No hay que olvidar que la llamada crisis de recesión ha empezado a resolverse y el movimiento sindical oficialista, encabezado por González Navarro, hace un frente común con todos los capitalistas; amparados en la consigna de “detener la insurrección Castro-comunista”. De esta forma le impiden a las clases populares luchar por sus reivindicaciones económicas y políticas. Esta debilidad que experimenta el movimiento revolucionario provoca a la dirección una actitud de franca desesperación y lejos de examinar serenamente la situación para orientar una política correcta, ahondan más sus ansias golpistas; pero las fuerzas patrióticas y revolucionarias dentro del ejército han sido profundamente debilitadas y no pueden ser lanzadas a la acción directa. No queda sino la alternativa de lanzar todo el movimiento a acciones precipitadas, con el señuelo de provocar un caos de donde supuestamente vendría el golpe. Esto no hace más que debilitar las fuerzas populares, y cuando llega el 1ro. De diciembre de 1963, fecha de las elecciones, se encuentran en condiciones completamente desventajosas. El triunfo de Leoni no es más que el desencadenante inmediato de la crisis de la revolución y como consecuencia renace en forma cruda la polémica en el seno del PCV y en general en el movimiento revolucionario. Domingo Alberto Rancel en el MIR y Pedro Ortega Díaz en el PCV, pasan a la ofensiva rápidamente y aglutinan a todas las capas vacilantes y enemigas de la lucha armada. Para ellos, ésta ha sido un error fatal, Pompeyo Márquez, Alberto Lovera, Teodoro Petkoff, Douglas Bravo y la mayoría de la dirección de la Juventud Comunista responden firmemente y mantienen que el camino general de la lucha armada es correcto y que los graves errores tácticos deben ser corregidos. Simón Sáez Mérida, Américo Martín y otros cuadros del MIR, asumen igual posición. Fabricio Ojeda aglutina a los cuadros consecuentes de la izquierda de URD y de Vanguardia Popular Nacionalista. Las fuerzas revolucionarias que iniciaron la lucha armada están totalmente polarizadas: de un lado, el sector derechista que pide capitulación inmediata, y del otro el sector de la izquierda que llama a corregir los errores tácticos, pero a proseguir la lucha. No hay sector de los partidos comprometidos con la lucha armada que no haya sido estremecido por la intensa polémica. Las posiciones ideológicas de los dos sectores en pugna se limitaban a defender los aspectos más generales de su concepción; pero internamente, cada uno de ellos carecía de la suficiente coherencia. Este elemento era mucho más notorio en el sector de izquierda, pues en él se aglutinaban diferentes tendencias que partían de diversas apreciaciones en torno al carácter de la revolución venezolana, razón ésta que lleva a Pompeyo, Teodoro y Freddy Muñoz a alejarse cada vez más de las posiciones revolucionarias y en consecuencia, a acercarse progresivamente al ala derechista encabezada por Pedro Ortega Díaz.
Para el mes de enero de 1964 es convocado el Sexto Pleno del PCV, pero la caída de Pompeyo obliga a postergarlo. Las dos alas en que está prácticamente dividido el partido no sólo expresan sus diversos puntos de vista en los respectivos organismos, sino que efectúan reuniones por separado. Ortega Díaz prudente y cauteloso pero con gran claridad y firmeza en torno a sus posiciones, pone en movimiento todos los recursos de la dirección, buscando un cuadro de alianzas favorables a sus posiciones y es apoyado desde la cárcel por J. Farías, que es como decir, que cuenta con el respaldo del Partido Soviético. Pompeyo le hace frente y alienta al PCV y particularmente a sus cuadros revolucionarios con artículos y cartas personales. Guillermo García Ponce (todavía al lado de lucha armada) llama a concentrar los esfuerzos en la ciudad y propone operaciones armadas que “tengan un impacto decisivo en el cuadro político del país”. Teodoro y Douglas convocan a una reunión a la cual asisten los miembros del Comité Central entre principales y suplentes.
Una idea concreta es expuesta: sólo contando con una mayoría consecuente en el BP y en el CC es posible detener la crisis en el PCV y ganarlo colectivamente para proseguir la lucha. En ese mismo mes (y con el apoyo de Alberto Lovera) Douglas y Teodoro logran que el Buró convoquen a una conferencia militar. Asisten los principales Jefes armados de la ciudad y el campo: Maneiro, Prada, Luben, Tirso Pinto, Rafael Martínez, Argelia Laya, Manuitt, Teodoro, Douglas, etc. Se hace un examen político y militar y se toman acuerdos prácticos que fueron obstaculizados por el sector derechista.
En abril del 64, se reúne el Sexto Pleno del CC. Se ratifica el camino general de la lucha armada, pero no se elabora una táctica adecuada para ese momento. En el plano organizativo, se hacen pequeños cambios que en nada alteran la composición de los organismos de dirección. Las derrotas que sufren las posiciones de Ortega Díaz, tanto en el plano político como en el organizativo, es más aparente que real. Su tesis capitulacionista, que fue totalmente rechazada en el Sexto Pleno comienza a ponerse en práctica lentamente mediante los más complejos mecanismos de los organismos de dirección. El gobierno estimula la división en el seno del PCV. A la par que profundiza su ofensiva militar, juega sutilmente con el halago y el chantaje, provocando mayor incertidumbre y confusión en los sectores vacilantes. Paz Galárraga, como emisario especial de R. Leoni y su partido, se reúne con un representante del Buró Político proponiendo una tregua basada en la suspensión total de la lucha armada con el fin de darle un viraje del gobierno hacia la izquierda, ya que a su juicio, la incorporación del FND y URD al gobierno y la salida de COPEI, abriría un compás democrático. Asentaba que a partir de diciembre de ese mismo año, pondría en libertad a los dirigentes, comenzando por los Machado. Evidentemente que esta táctica del gobierno, denominada “política de pacificación” de Leoni, surtía poderosos efectos en los sectores vacilantes y derechistas de un movimiento revolucionario que estaba aguijoneado por la crisis interna. Esto ahondaba aún más las diferencias entre el ala derecha y el ala izquierda, por la otra minaba la fortaleza del ala izquierda, por cuanto sus sectores menos consecuentes empezaban a proyectar una perspectiva de pronta legalidad, que a su juicio, recuperaría el movimiento revolucionario. La polémica toma cuerpo en el seno del PCV. Mientras ella giraba en torno a la defensa de la lucha armada, había un frente común bastante amplio enfrentando a las posiciones capituladotas de derecha, pero cuando se trataba de abordar el problema del carácter de la revolución, surgían marcadas diferencias entre los defensores de la lucha armada.
Para García Ponce y Eduardo Machado la etapa de la revolución que se vivía era la de la lucha “contra el gorilo-betancourismo” y ésta abriría posteriormente una nueva etapa por la liberación. En cambio, Pompeyo todavía sostenía para aquel entonces que estábamos en la etapa de la liberación nacional. Fabricio Ojeda, Argimiro Gabaldón, Douglas Bravo y otros sostenían que vivíamos la etapa de la liberación nacional y el socialismo. Como es lógico suponer los lineamientos tácticos y estratégicos que se desprenden de cada una de estas posiciones, conlleva diferencias ideológicas profundas que irían a alterar en lo sucesivo la correlación de fuerzas en el seno del PCV.
En mayo y junio de 1964 se realiza en el Estado Falcón la Quinta Conferencia PolíticoMilitar del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirinos” con asistencia de los representantes del MIR, de la izquierda de URD, PRN y DPN, personalidades independientes y los miembros del PCV de ese Frente. Se aprueba allí la tesis de “Insurrección Combinada” fundamentada en el carácter liberador y socialista de nuestra revolución. G. García Ponce, E. Machado y J. Farias, protestan violentamente argumentando que esa tesis se aleja de la línea del PCV y que es además “el producto de un trabajo fraccional”. Pompeyo responde –aún sin identificarse con la esencia de la línea de insurrección combinada- afirmando que los acuerdos están enmarcados dentro de las resoluciones del III Congreso. En el resto de los Frentes Guerrilleros y en el Frente Urbano, se producen simultáneamente reagrupamientos que van delineando una posición más o menos similar “JLCH”, y que en su conjunto, configura el ala izquierda revolucionaria del PCV: Teodoro, Núñez Tenorio, Pasquier, Freddy Muñoz, Prada, Nery Carrillo, Eliseo Ramos, Felipe Malaver, Donato Carmona, Luben, Maneiro, Lunar Márquez, Joel Linares, Gaspar Rojo, Raúl Rubio, Ramón Espinosa, Ali Rodríguez, Argimiro Gabaldón, Fabricio Ojeda, Douglas Bravo y otros más. Este sector, junto con el llamado “centrista” encabezado por Pompeyo, hacía una mayoría franca dentro del PCV para el año 1964.
El año 1965 se inicia con síntomas recuperadores para el movimiento revolucionario. La brutal ofensiva militar-policial, mayor aun que las de Betancourt había sido contenida en lo fundamental. Las unidades armadas urbanas y rurales habían empezado su lento proceso de recuperación. El movimiento de masas por las reivindicaciones económicas y sociales experimentaba un tímido ascenso. Este cuadro favorable crea las condiciones de desarrollo de importantes acciones reivindicativas, económicas y sociales, muchas de ellas con un marcado contenido político. Efectivamente, en octubre de ese mismo año, en su carta al CC, Douglas Bravo decía lo siguiente: “…distinto ha sido el movimiento de masas en lo que va del año 65, caracterizado por una participación más activa de las masas populares en general y por un contenido exclusivamente reivindicativo de las más importantes jornadas libradas por los trabajadores. Este es el resultado lógico del proceso de recuperación que sigue el movimiento popular y particularmente el movimiento revolucionario, donde la lucha armada ha desempeñado un papel fundamental. La huelga del transporte de Mérida, la huelga del Distrito Bolívar en la zona petrolera del Zulia, la manifestación unitaria del 1ro. De abril, contra el alto costo de la vida y las jornadas en el interior que bajo la misma consigna le siguieron, son expresiones de un movimiento de masas en ascenso que necesita de instrumentos aptos para capitalizarlos y audacia para conducirlos, captando su perspectiva y su nuevo contenido no exclusivamente reivindicativo…”. En abril se realiza el VII Pleno del Comité Central. Allí se aprueba la táctica de “paz democrática”. El documento en sí es la más viva expresión de la lucha de opiniones en el seno del partido, pues su contenido refleja las concesiones hechas entre cada una de las tres tendencias existentes para que pudiera ser aprobado por unanimidad. En mayo se realiza una nueva conferencia militar. Al igual que en la anterior, no asistió la totalidad de los representantes que correspondía a los frentes guerrilleros y distritos urbanos. El conflicto interno que vivía el PCV que reflejó en la discusión de esta Conferencia y en buena parte impidió que los acuerdos aprobados correspondieran al momento que vivía el Frente armado en escala nacional. En Julio de 1965 se efectúa en Falcón la reunión preparatoria de la VI Conferencia Político-Militar del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirinos” y se aprueba su realización para finales del mes de Agosto del mismo año. A ella debían asistir las mismas fuerzas que participaron en la V Conferencia, además de los representantes de los demás frentes guerrilleros del país y delegados de las unidades militares urbanas. Sin embargo, dos motivos obstaculizaron la realización de esa VI Conferencia: la precipitación de la ofensiva enemiga y las maniobras del Buró Político para impedir los enlaces con los representantes de los restantes frentes guerrilleros. El gobierno entretanto no ha perdido tiempo. Comprende muy bien el complejo cuadro de crisis en que se debate la revolución y reinicia con fuerza doble política de halago por un lado y de represión a fondo por otro.
El movimiento popular y revolucionario ha recibido algunos golpes sensibles. La guerrilla urbana en Caracas ha quedado seriamente quebrantada. Un grupo de oficiales patriotas, encabezados por José Ramón Briceño, son detenidos en el oriente del país; el frente guerrillero “Manuel Ponte Rodríguez” comandado por Maneiro, se ve seriamente afectado por los golpes del enemigo, al extremo de que pierde toda iniciativa de acción. El frente “Ezequiel Zamora” del llano ha sido dispersado y se le imposibilita la concentración de sus efectivos. Los frentes guerrilleros “José Antonio Páez”, “Simón Bolívar” y “José Leonardo Chirinos” reciben la fuerte presión de la ofensiva militar enemiga. Pierden algunos de sus principales dirigentes, pero en lo fundamental, mantienen su estructura organizativa y obtienen importantes victorias. El frente de “El Bachiller” estaba en proceso de recuperación de los golpes que había recibido en mayo y junio del año 1964. La caída de la fábrica de armas de “El Garabato” y la prisión y posterior asesinato de Alberto Lovera, miembro del Buró Político, provocan en el seno del PCV dos reacciones completamente diferentes: la derecha, ahora reforzada por el sector vacilante del ala izquierda, pasa a la ofensiva y considera llegado el momento de declarar la capitulación. El “Buró de la Calle” esta totalmente inhibido. Desde el San Carlos se toman las decisiones. El estallido de la crisis interna se percibe como inminente. La llegada de Germán Lairet desde el exterior y la prisión y asesinato de Lovera plantean la reorganización del Buró. Núñez Tenorio y Andrés Pasquier se reúnen con Lairet, quien venía de ejercer la misión del FLN en La Habana y se identificaba con las posiciones más radicales de la izquierda. Desde Caracas, Lairet escribe a Douglas Bravo quien se encontraba en las montañas de Yaracuy, manifestando su solidaridad con las posiciones del “José Leonardo Chirinos” e instándole a que se traslade a Caracas ante la situación de la crisis. Pasquier fue designado para llevar la carta junto con el informe de los problemas que se debatían en ese entonces. El JLCH se dirige a Fabricio Ojeda, Lunar Marques, Maneiro, Joel Linares y algunos cuadros del PCV del frente urbano, donde se tomarían medidas prácticas para el cumplimiento de los acuerdos del II Congreso y de la última Conferencia Guerrillera. Douglas Bravo llega a Caracas el 8 de noviembre. Se incorpora a la reunión del Buró que se efectúa el día siguiente. La discusión de los problemas organizativos pasa a segundo plano cuando son leídos los documentos del “repliegue” firmado el primero por Gustavo y Eduardo Machado y Guillermo García Ponce, y el segundo, por Pompeyo, Teodoro y Freddy Muñoz. Salvo una diferencia de matiz, los documentos son idénticamente iguales. Los documentos plantean un “repliegue” pero en el fondo, para los proponentes, se trataba simple y llanamente de una capitulación. La gravedad de la situación había trascendido los límites de una simple diferencia de problemas tácticos y que se trataba de un enfrentamiento de carácter ideológico. Además apareció que la suerte de la revolución dependía del tipo de solución que se diera a la crisis presente: si las tesis de la derecha triunfaban se precipitaría el derrumbamiento de la vanguardia de la revolución y el pueblo en general entraría en un estado de postración que sería terreno abonado para que el gobierno ensangrentara el ultimo capitulo de la revolución y se anotara una victoria que hundirla las esperanzas del pueblo por largos años.
Esta encrucijada exigía la necesidad de adoptar medidas heroicas en correspondencia con la magnitud de la crisis. Por ello, se organizó un Buró Político provisional de emergencia, compuesto por Núñez Tenorio, Germán Lairet, Erasmo, Maneiro y Douglas Bravo. Se designaron como suplentes a Pasquier y Urbina. Esto en lo tocante al Partido. En cuanto al FLN, se acordó su reestructuración de nuevo, mediante los acuerdos entre el PCV y el MIR. Con respecto a las FALN, se decidió facultar para su reorganización a los tres únicos miembros del Cuartel General que estaban autorizados para ello, ya que los restantes miembros se encontraban presos, muertos o en el exterior. Ellos eran Manuit Camero, Vegas Castejón y Douglas Bravo. Se acordó mantener en secreto la decisión de constituir el BP de emergencia, en espera de la próxima reunión del Central y en caso de que esta fuera obstaculizada por la derecha, asumir la responsabilidad de convocarlo e informar a la base de lo sucedido. El 10 de diciembre de ese año 65 se reúnen los tres miembros del Cuartel General de las FALN con representantes de algunos de los frentes guerrilleros y de las unidades militares urbanas. Se aprueba ampliar el Cuartel General con los jefes de los frentes guerrilleros y de algunas de las unidades urbanas e invitar al MIR para que incorporase sus representantes. Estas decisiones se comunicaron a las Direcciones del PCV y el MIR y a los miembros del Cuartel General que estaban detenidos en el Cuartel San Carlos, en particular al Comandante Moncada Vidal. Los Comités Regionales del PCV del Dtto. Federal, Zulia, Lara, Falcón, Yaracuy, Portuguesa y numerosos comités locales, dan su apoyo a todas estas medidas. En el Dtto. Federal, los radios y el 80% de las células se manifiestan positivamente en torno a las medidas. Los frentes guerrilleros “José Antonio Páez”, “Ezequiel Zamora” del llano, “Manuel Ponte Rodriguez” y “José Leonardo Chirinos” igualmente las Brigadas 1 y 2 del Distrito Federal se pronuncian por escrito, dando su respaldo al nuevo Cuartel General. El Buró del San Carlos se alarma ante la respuesta de la militancia y ordena al Buró de la Calle o mejor dicho a su ala derecha, cambiar de táctica: era necesario informar a la militancia que la lucha armada seguir desarrollándose pero que era necesario expulsar a un “grupo fraccional anarco-aventurero” que la ve obstaculizando con posiciones desviadas. La derecha hace circular un documento apócrifo que señala a Douglas Bravo, Núñez Tenorio, Pasquier y Zanoni como responsables del “grupo fraccional”.
De ahora en adelante, la represión gubernamental seria discriminada. Nuñez Tenorio no tarda en caer en manos del enemigo. La lucha ideológica ha roto los cauces que la llevaban siempre a una salida de conciliación. Todos los organismos de dirección, medios y de base, todos los miembros del CC. y los cuadros con responsabilidades fijan su posición por escrito. Más de un centenar de documentos empiezan a circular y por primera vez en la historia del PCV, una parte de la militancia tiene participación activa en la discusión de los problemas que se debaten. Mientras la derecha públicamente se .dedicaba a “preservar la unidad del PCV y secretamente, a preparar la expulsión de los revolucionarios, éstos llevaban sobre sus hombros todo el peso de la represión, tanto en la ciudad como en el campo. Fue el comienzo de la prueba de fuego a que habían de ser sometidos el temple, la moral y la justeza de sus convicciones. La lucha se libraba en todos los terrenos contra el enemigo interno que habiendo arriado las últimas banderas de la revolución, intentaba arrastrar tras de sí a todos los combatientes venezolanos y contra el enemigo externo, que adelantaba la “operación embudo” con un carácter estrictamente selectivo, precisando muy certeramente cuales eran los objetivos a golpear.
El 15 de marzo celebra el “José Leonardo Chirinos” el IV aniversario de su fundación. Con ese motivo se publica el ”Manifiesto de Iracara”, que refleja nítidamente las diferencias con las posiciones que la prensa legal e ilegal de la derecha publicara en esos días. A partir de la publicación de este manifiesto, la dirección derechista del PCV liquidó los últimos vestigios de democracia interna violando descaradamente los tradicionales métodos leninistas de trabajo y aplicando una política de corte policial. Por supuesto, lejos de verse favorecida con estos métodos incorrectos, provocó una mayor reacción negativa en la militancia de base, empujando a un grueso contingente que hasta ese momento se había mantenido neutral, a respaldar las posiciones del ala izquierda. Para abril de 1966 el cuadro de la situación politica era el siguiente: el gobierno de Ancha Base había fracasado rotundamente en su intento de imprimirle a su gestión un carácter de amplias libertades públicas, no sólo no había roto con la política betancourista, sino que esta seguía siendo el centro de la ejecutoria gubernativa en todos los planos de la vida nacional. El campo revolucionario y democrático por su parte se encontraba imposibilitado para aprovechar los flancos débiles que ofrecía el gobierno, pues los partidos PCV y MIR no estaban en capacidad de aglutinar las fuerzas revolucionarias, democráticas y patrióticas debido a la propia crisis que dichos partidos estaban viviendo internamente y por otra parte, la división y atomización de la izquierda no les permitía elaborar un plan táctico y estratégico coherente que deviniera en una alternativa para el pueblo. Restaba ahora por resolver un problema no menos trascendental, que era a su vez consecuencia del primero: tratar de esclarecer si ese PCV que en 35 años de existencia había aplicado una política guiada por una ideología reformista y revisionista podía precisamente en esa encrucijada histórica, dar el gran viraje ideológico y por tanto organizativo y transformarse en un verdadero partido de la clase obrera, marxista-leninista, que pudiera conducir a las clases explotadas y empobrecidas hacia la liberación nacional y el socialismo o, por el contrario, retroceder en lo que había avanzado, retomar más firmemente su línea reformistar-evisionista y cerrar así la última puerta que podía conducirlo por el camino revolucionario. La dirección derechista del PCV estaba decidida a transitar esta última vía. Habiendo la práctica deslindado los campos, el ala izquierda debía aceptar el reto lanzado por la historia: CONSTRUIR UN PARTIDO PARA LA CLASE OBRERA, APOYADO EN LA IDEOLOGÍA MARXISTA-LENINISTA, CAPAZ DE INTERPRETAR LA REALIDAD VENEZOLANA Y PROYECTAR LAS LUCHAS HACIA LA LIBERACIÓN Y EL SOCIALISMO. Con este criterio se reúne la Primera Conferencia Nacional los días 22 y 23 de abril de 1966, dando origen al PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA. Allí se examina la situación del país y en particular del movimiento revolucionario. Se ratifica la vigencia de la lucha armada por cuanto la violencia cada vez mayor del gobierno no era más que la expresión de la violencia de las clases dominantes. Se aprueba una línea clara de internacionalismo proletario, cuya verdadera esencia presupone la independencia programática. Se afirma el carácter continental de la revolución en América. Se eligió un Comité Central y éste a su vez eligió el Buró Político quedando integrado por Douglas Bravo (Secretario General), Fabricio Ojeda, Andrés Pasquier, Felipe Malaver, Lunar Marquez, Luben Petkoff, Francisco Prada, Nery Carrillo y Joel Linares (El Taparo). Por razones de seguridad sólo mencionaremos algunos de los restantes miembros del Comité Central: Manuitt Camero, Freddy Carquez, Mateo, Nicolas Hurtado, Lino Martinez (Chema), Baltasar Ojeda, Gaspar Rojo, Fannon, Alirio Chirinos, Miranda, Acosta Bello, Hely Pérez, Leonardo Quintana.
Se aprobó la reorganización del FLN-FALN, quedando constituido de la siguiente manera:
FLN: Fabricio Ojeda, Presidente, Manuitt, primer vicepresidente, Felipe Malaver, secretario general. FALN: Comandante en Jefe, Douglas Bravo, Segundo Comandante: Luben Petkoff. La consigna central allí aprobada fue “Por la recuperación del movimiento revolucionario y contra la operación embudo”, apunta en dos direcciones: en lo táctico, expresaba la necesidad del movimiento de adecuar sus luchas políticas y militares a la difícil situación en que se encontraba. Además presuponía la aplicación de una politica de unidad clasista con las otras fuerzas que compartían la aplicación de la lucha armada. En lo estratégico, la recuperación del movimiento revolucionario solo podía darse sobre la baso del rescate de la ideología marxistaLeninista para la vanguardia revolucionaria. La incomprensión por parte de la dirección del PRV y de su militancia de la esencia de esta consigna, va a ser un factor que frena el proceso de recuperación, el cual hubiera podido producirse con mayor rapidez dada las condiciones de orden objetivo y subjetivo que estaban presentes. En el plano táctico, en los primeros años, la ratificación de la lucha armada estaba enmascarada dentro de las viejas concepciones pecevistas. Al romper con el PCV arrastramos tras nosotros marcadas desviaciones de izquierda y de derecha. Su presencia en el seno de nuestra organización fue un factor determinante en la incomprensión de las líneas aprobadas en la Primera Conferencia y en particular, de la consigna central. Los primeros dos años y medio estuvieron signados por la más implacable lucha ideológica contra estas dos desviaciones y fue sólo después de hacerlas derrotado cuando fue posible entrar en una etapa de franca recuperación.
En junio de ese mismo año, el PCV publica en la primera parte de su prensa legal y a grandes titulares la acusación de “traidores al movimiento revolucionario” contra Fabricio Ojeda, Américo Martín y Douglas Bravo, sentando además que se encontraban en Caracas. Pocos días después Fabricio Ojeda es detenido y asesinado por el SIFA el 21 de junio. El entierro de Fabricio Ojeda, que fue una de las más gigantescas manifestaciones que se hayan efectuado en Caracas constituyó a la par que un repudio al asesinato cometido por el gobierno, un rotundo rechazo a la cobardía y capitulación del PCV.
El 24 de junio, un puñado de patriotas comandados por Luben Petkoff ejecuta la expedición más importante en los últimos años, invadiendo por las costas del estado Falcón. En la primera quincena de octubre de ese mismo año fueron detenidos dos miembros del Buró político del PRV: Andrés Pasquier y Felipe Malaver. Ambos fueron conducidos al TO-3 de El Tocuyo, y posteriormente al TO-5 de Yumare, donde fueran asesinados después de innumerables torturas, por un teniente del ejército. Entre el 22 y el 31 de diciembre se reúne la segunda conferencia del Partido de la Revolución Venezolana y del FLN-FALN en las montañas de Yaracuy. Después de examinar la situación política y de hacer un balance del período comprendido entre la primera y segunda conferencia, ésta discutió el informe del BP del PRV, presentado por el Secretario General. Se precisó que entre los rasgos más resaltantes del movimiento revolucionario en general, se destacaba la desviación de derecha como el peligro principal. Pero en lo tocante al PRV y al FLN-FALN, se constató que la desviación izquierdista tomaba cuerpo considerablemente, manifestándose en los siguientes hechos: 1) Algunos cuadros de dirección y un sector de la militancia de base, consideraba inoperante al Partido. 2) La línea operacional, particularmente en lo urbano, conducía a una Política cortoplacista y no tomaba en cuenta el carácter prolongado de la guerra.
La Conferencia aprobó un Manifiesto Programático del FLN-FALN, la tesis sobre LOS INSTRUMENTOS DE LA REVOLUCIÓN y tomó las siguientes medidas organizativas:
1) Cubrir las vacantes del CC y del BP dejadas por cuatro de sus principales miembros: Fabricio Ojeda, Andrés Pasquier y Felipe Malaver del Buró Político, asesinados en la prisión, y Lino Martinez (Chema) del Comité Central, muerto en combate en la zona de los llanos.
2) Trasladar el grueso de las fuerzas guerrilleras hacia los Andes, por cuanto esta zona constituía un mayor escenario para las luchas.
La Conferencia acogió con satisfacción la firme actitud internacionalista del pueblo y el gobierno Cubano, de su Partido Comunista y en particular de su Secretario general Comandante Fidel Castro. El 15 de enero de 1967 los combatientes de la Columna Simón Bolívar y de la Columna José Antonio Páez, que habían constituido una sola columna se encontraron e integraron con la Columna José Leonardo Chirinos -en marcha hacia los Andes- con los límites de los Estados. Lara, Yaracuy, Portuguesa y Cojedes. En marzo de ese mismo año se reúne el Comité Central del PRV en las montañas de Portuguesa y constata con preocupación que la desviación izquierdizante se manifiesta ahora con mayor fuerza en lo político y en lo militar, pasando por encima de la línea aprobada en la Primera y Segunda Conferencia. La Comandancia General de las FALN suspendió de su cargo al jefe del CES en Caracas Adolfo Meinhardf Lares, quien sin consultar al Comando político militar Urbano, dirigido por Freddy Carquéz, procedió a realizar operaciones al margen de la línea aprobada. En mayo se reúne nuevamente el Comité Central. Se replantea nuevamente en esta discusión el problema de los INSTRUMENTOS, en particular porque ya para ese entonces circulaba el libro de Debray “Revolución en la Revolución” que estaba causando influencia negativa a todos los niveles de la Organización. Por otra parte, los combates victoriosos de la Guerrilla Boliviana llevaban a la militancia a hacer comparaciones entre una guerrilla que recién surgía y obtenía triunfos rápidamente y una guerrilla como la nuestra, que con más años de existencia, no lograba las mismas victorias en eses mismos momentos. Todos estos fenómenos contribuían a aumentar la desviación izquierdita que se manifestaba en un desprecio por el trabajo organizado entre las masas, por la propaganda y en especial por la construcción del Partido. El Comité Central ordenó publicar la tesis sobre Los Instrumentos aprobada en la Segunda Conferencia y fijó su posición en torno a la tesis expuesta por Debray en su libro. Para ese entonces el sector de derecha dentro del PRV y el FLN-FALN, especialmente en Caracas, creaba problemas y se marginaba de toda actividad revolucionarla. Las decisiones acordadas por el CC provocaron en el Distrito Político Militar de Caracas una reacción adversa, por cuanto sus principales cuadros compartían plenamente la tesis de Debray. Igual reacción experimentó una buena parte de los combatientes que estaban en el extranjero. Allí la situación fue más conflictiva y se llegó a acusar al CC del PRV y a la Comandancia Nacional de las FALN de estar haciendo lo mismo que el PCV.
En julio se celebra la Primera Conferencia de OLAS, que exalta al “foquismo” como la vía para la liberación del Continente. Los lineamientos tácticos y estratégicos que allí se aprueban responden plenamente a ésta. Sin embargo, esta Conferencia tiene la virtud de constituir el primer intento de unificación de las fuerzas revolucionarias y patrióticas del Continente y de trazar en el plano estratégico la línea de la lucha armada como el camino para la conquista del poder. En este sentido, la Conferencia fustigó severamente las posiciones derechistas y revisionistas de la mayoría de los PC de América Latina. La delegación de Venezuela no formuló ninguna objeción a la tesis “foquista” de la OLAS, no obstante que en el mes de junio BP del PRV había aprobado la línea a seguir en dicha Conferencia. La lucha contra las posiciones de derecha y de izquierda en el seno del PRV y del FLN-FALN, pasó a primer plano. El BP y la Comandancia Nacional publicaron varios documentos que abordaban estos problemas, entre ellos “El camino Venezolano”, “Amplio Teatro de Operaciones y de la Crisis de la Revolución Venezolana”. Las divergencias entre nosotros y los camaradas cubanos se ahondan cada vez más y repercuten duramente en nuestro propio movimiento. Lunar Marquez junto con otros cuadros abandona el Partido y el FLN-FALN y funda el MOSAN. Otro sector de los que estaban en el extranjero se reagrupa y aunque sin fundar organización alguna –constituye una fracción que posteriormente va a apoyar a Luben Petkoff.
Para el PRV y el FLN-FALN la situación es difícil. En la ciudad han sido detenidos más de 30 combatientes que integraban el Distrito Político Militar y el CES. Han sido asesinados “por el enemigo Michinaux Ayala, Félix Faria, Luis Vera Betancourt y Fabricio Aristiguieta. En la Guerrilla Rural han muerto en combate Nicolas Hurtado, Arcadio Martinez, Mano Pedro y otros combatientes. En .las cámaras de torturas han sido asesinados Alejandro Tejero, Napoleón Rodriguez Mirellas (El Turro) y varios combatientes. Más de veinte dirigentes campesinos de nuestra organización en los Estados Yaracuy, Falcón, Lara y Portuguesa fueron asesinadas en los T.O. De los ocho miembros del Comité Central detenidos, dos son del Buró Político. La Dirección derechista del PCV sentía la satisfacción de los golpes que recibíamos y nos daba por liquidados definitivamente. El 16 de marzo de 1968, Luben Petkoff y Miranda abandonan al PRV y al FLN-FALN junto con 22 combatientes. Su argumento principal consistía en que el Buró Político y la comandancia tenían la guerra “congelada” y que “no querían pelear” que “ la dirección se ocupaba mucho de la politiquería” que la crisis se debía “al empeño de estar fundando Partido” que “era perder tiempo entre guerrilleros urbanos cuanto todos pudieran estar en las montañas” Como puede observarse, los argumentos no eran muy sólidos ya que semejante “teoría” jamás hubiese podido llevar” a las masas explotadas y empobrecidas a la victoria.
Los sectores derechistas en Caracas empiezan a funcionar por separado y aunque parezca raro- comienzan a coincidir con la desviación izquierdista. El 26 de marzo, se reúnen en las montañas de Cojedes los miembros del Comité Central y de la Comandancia Nacional y discuten la compleja y difícil situación por la que atraviesa el movimiento revolucionario. Se aprueba allí lo que se llamó el “Plan de los tres puntos”. Se aprobó una distribución de las fuerzas guerrilleras y se reorganizó todo el frente urbano. Se acordó convocar a una Conferencia Nacional del PRV y el FLN-FALN para ese año y se ordenó el regreso inmediato de todos los cuadros y combatientes que estaban en el exterior. Se hizo un examen de la situación política del país y en particular del proceso electoral que ya estaba en marcha. A este respecto se aprobó la línea de abstención. Los sectores derechistas de nuestro movimiento, especialmente en Caracas y algunos presos del Cuartel San Carlos formularon la tesis de que un movimiento revolucionario no puede sustraerse de un proceso electoral y consideraban que aún manteniendo nuestra independencia política deberíamos participar en el proceso. El Comité Central y la Comisión de la Comandancia Nacional refutaron estas posiciones partiendo de hechos concretos. En primer lugar, en Venezuela se vive un proceso de lucha armada. En segundo lugar, las condiciones en que estaban planteadas las elecciones no ofrecían la menor posibilidad de que los revolucionarios -y particularmente los que estaban con las armas en la mano- pudieran utilizar las elecciones para orientar a las masas. Otros argumentos más contenían la posición del PRV y el FLN-FALN.
En octubre se reúne la III Conferencia con asistencia de delegados de toda la organización a nivel nacional. En esta oportunidad se hizo un balance que cubría desde el 23 de abril de 1966 hasta esta fecha. La Conferencia se realizó dentro de este marco político, y al abordarse los problemas del movimiento revolucionario, constató que la división y atomización que entonces lo caracterizaban no eran más que el reflejo de una fase histórica necesaria en el duro proceso de clarificación ideológica. La madurez alcanzada por el movimiento revolucionario impulsaba a la creación de diversos e inevitables reagrupamientos, cuyo signo fundamental era el rechazo a las viejas estructuras partidistas, viciadas de burocratismo y dominadas por la ideología, bien sean reformistas o revisionistas. Sin embargo, la mayoría de estos reagrupamientos era, en lo fundamental, expresión de la propia ideología pequeño-burguesa en bancarrota. Tal apreciación le permitía a la Conferencia precisar que la próxima fase en el proceso de clarificación tenía obligatoriamente que corresponder a la unificación, bajo la guía de la teoría marxista-leninista de las fuerzas revolucionarias dispersas. En el aspecto internacional, se precisaron los lineamientos básicos de una política que correspondiera a la nueva situación planteada ante el viraje que venía experimentando la Revolución Cubana, viraje este que ya había provocado el deterioro de las relaciones entre el gobierno cubano, nuestro Partido y el FLN-FALN. Igualmente la Conferencia puntualizó una línea definida frente al revisionismo encabezado mundialmente por la URSS. En lo referente a la organización, la Conferencia procedió a reestructurar el Comité Central por cuanto cerca del 50% de sus miembros originales habían muerto, estaban presos o claudicaron durante los tres recientes años de lucha. El Comité Central eligió un Buró Político de cinco miembros, ratificando al Secretario General. Es de señalar que la composición social del nuevo CC se caracterizó por un número mayor de obreros y campesinos que el anterior. Entre otros representantes de estas clases sociales, fueron incorporados Elegido Sivada (Magoya), Treco y Alberto, campesinos; y Arteaga y Alegría, obreros. En este mismo punto organizativo, se le dio especial énfasis a la reubicación de cuadros y militantes en áreas estratégicas previamente seleccionadas según un estudio político, económico y social del país. En febrero de l969 se reunió el BP y la CN para discutir la situación política que se anunciaba con la proximidad de la entrada al poder de Caldera. A tal efecto se constató como posibilidad que el gobierno copeyano -al igual que el de Leoni en 1964– iniciaría su gestión con una campaña demagógica en torno a la. “pacificación”. Se acordó que ante tal eventualidad nuestra posición tendría que fundamentarse en el análisis de la composición de clase del nuevo gobierno, composición de clase que no variaba en absoluto con respecto a los anteriores gobiernos. El Buró Político y la Comandancia Nacional, por otra parte, deciden enviar a Alí Rodríguez y otros cuadros a Oriente, con el fin de incorporarse como combatientes al Frente Guerrillero “Antonio José de Sucre”. Esto permitió la apertura de un período de acercamiento, orientado hacia la integración de las fuerzas revolucionarias. El largo período de reflujo que arranca prácticamente desde fines de 1963 –y que pasa por etapas donde la lucha de clases descendió casi hasta su más bajo nivel– empieza experimentar un cambio en el primer semestre de 1969. La reactivación de las luchas obreras, campesinas, estudiantiles y de las masas en general, puede ubicarse a partir de los sucesos de Río Caribe, en febrero de ese año, que se van a distinguir por su carácter espontáneo. Este elemento va a privar en la mayoría de las luchas que se producen en el 69 y parte del 70. Un conjunto de factores se conjugan para crear un cuadro favorable a ese nuevo despertar que – aún cuando marcha con timidez y dificultades – va cada vez más en ascenso:
l.- El desarrollo capitalista dependiente y atrofiado, que venía ampliándose considerablemente durante los últimos 20 años alcanza un nivel mayor a mediados de la década de los 60 con la intensificación de la política de sustitución de importaciones, política ésta que en lo sucesivo, por el propio carácter dependiente y atrofiado del desarrollo capitalista, a la vez que va limitando sus posibilidades de expansión, conduce a una mayor dependencia y por consiguiente a la agudización de las contradicciones sociales: aumento del desempleo, aumento de la población marginal, elevación del costo de vida y en general, aumento del empobrecimiento de las clases populares.
2. – El cambio de gobierno de las manos de AD a las manos de COPEI en l969 – que no alteró en nada la estructura económica y de clases – introduce sin embargo los siguientes factores de inestabilidad:
a) COPEI es minoría en el Congreso y se verá forzado a pactar en un comienzo con el FDP, MEP, FND, etc. y posteriormente con AD.
b) Los mandos militares y toda la estructura policial-represiva forman parte del dispositivo adeco y COPEI se ve obligado a alterarlo en parte, para introducir sus fichas, pero conservando en lo fundamental la estructura que a su vez le garantiza a AD una gran cuota de poder.
c) COPEI requiere escalar las mejores posiciones en la maquinaria burocrática, por lo que entra en contradicción con la anterior, establecida por AD.
3.-. La tercera división de AD, que dio origen al MEP, altera la correlación de fuerzas en el frente obrero, campesino y magisterial y favorece apreciablemente al impulso de las luchas populares.
4.- El vacío de poder que se crea parcialmente con la salida de AD del gobierno no puede ser llenado de inmediato por COPEI, particularmente porque su minoría en el Congreso no se lo garantiza. Esto obliga al nuevo partido de gobierno a ir llenando el vacío cada vez más con la prominencia de las Fuerzas Armadas Nacionales. La consecuencia inmediata es una ascendente militarización de la que COPEI ya no podría desprenderse y que, por el contrario, se verá obligado a profundizar. Las tomas de tierras, las huelgas obreras particularmente en el hierro, las luchas de los barrios en las principales ciudades por sus pequeñas reivindicaciones, y el conflicto por la renovación que abarca a todas las universidades y los estudiantes de educación media del país, se producen con cierta simultaneidad entre los meses de mayo y junio.
Las manifestaciones populares se iban desarrollando con un carácter progresivamente creciente, con la particularidad de que se inician en el interior del país y abarcan todo el territorio nacional. La actividad armada reaparece nuevamente en el campo y la ciudad. Las manifestaciones toman cada día mayor impulso, las modalidades de la lucha incorporan nuevos factores de combate a los ya tradicionales. Las Fuerzas Armadas Nacionales –en particular los cazadores y los cuerpos policiales son lanzados a la calle a reprimir la acción popular pero no se detienen aquí, sino que violan las universidades, liceos, escuelas técnicas y normales y las fábricas. Los asesinatos, los numerosos heridos y centenares de presos no detienen el empuje popular. El gobierno se ve obligado a cancelar la visita de Rockefeller ante la presión de las masas. En agosto de ese año 69, se reúne el BP ampliado y la Comandancia Nacional. Esta reunión marca el punto de partida de un período de rectificación de los errores de nuestro Partido y el FLN-FALN. Se aprueba la línea del VIRAJE TÁCTICO, que consistió en la modificación a fondo de la línea política, organizativa, militar y de masas que venía aplicándose hasta entonces. Al examinarse en la reunión los acontecimientos señalados más arriba – que eran llamados “movimientos de protesta” para ese entonces – se puso de manifiesto en primer que mientras las luchas de masas no armadas – aunque violentas – se desarrollaban en todo el país y abarcaban las diferentes clases sociales, la lucha armada no sólo marchaba con lentitud sino que seguía desvinculada fundamentalmente del proceso de las luchas populares. ¿Cómo explicar esta situación? El inicio de la lucha armada en Venezuela estuvo enmarcado dentro del carácter de una revolución democrático-burguesa. Cuando se produce la ruptura con el revisionismo y el reformismo en 1966, las nuevas vanguardias replantean el problema del carácter de la revolución venezolana en sus verdaderos términos de lucha por la liberación nacional y el socialismo. No obstante que se precisan los lineamientos estratégicos fundamentales, en la práctica se siguen arrastrando los mismos métodos y procedimientos que caracterizaban la vieja táctica del PCV. Al balancear los años de guerra; se constató que su carácter vanguardista seguía predominando a pesar de que se habían dado pasos importantes que iban modificándolo. Se precisó que la construcción de los instrumentos –PARTIDO y EJÉRCITO– adolecía de la misma falla que en años anteriores, que consistía en separar artificialmente el uno del otro. Esta era expresión de un error de concepción que partía de aislar la actividad política de la militar y viceversa. Pero la reunión precisó que no se trataba de combinar las diferentes formas de lucha para que se mantuviera una interrelación simplista. Se trataba de que la combinación de las formas de lucha, al complementarse mutuamente, fueran la expresión de la lucha de clases explotadas y empobrecidas contra las clases explotadoras.
A fines de año se produce un acontecimiento que va a tener significación en la unidad del movimiento revolucionario. En las montañas de Oriente se reúnen las delegaciones del Frente Guerrillero “Antonio José de Sucre” y del partido de la Revolución (FLN-FALN) representados respectivamente por Carlos Betancourt y Gabriel Puertas y por Eliseo Ramos, Ali Rodríguez y Douglas Bravo.
El Comité de Coordinación que existía desde junio de ese mismo año entre las dos fuerzas, es transformado en el Comité de Integración Revolucionaria. (CIR).
Es de advertir que en esos mismos días el MIR se divide, dando origen a tres agrupaciones políticas:
• El MIR propiamente dicho, encabezado por Sáez Mérida y Américo Martín,
• Bandera Roja: dirigido por Carlos Betancourt, Gabriel Puertas y Américo Silva, y
• Organización de Revolucionarios (OR) encabezado por Julio Escalona Soto Rojas y Marcos Gómez.
Justamente en ese momento en que el proceso unitario alcanza una etapa importante, se produce la deserción de Freddy Carquéz, quien hasta ese momento había venido ejerciendo la Jefatura Urbana del Partido y del FLN–FALN.
No se trata de divergencias ideológicas ni políticas, sino de un simple caso de desmoralización, como fue caracterizado en un comunicado de esa fecha. Este hecho es una expresión más de la profunda crisis que conmovió el proceso revolucionario venezolano, poniendo en evidencia con mayor fuerza que sólo es posible consolidar a los nuevos cuadros y estructuras revolucionarias sobre la base de la asimilación y el dominio de una verdadera ideología revolucionaria, proletaria. Desde cualquiera de los ángulos que se observen los hechos que han significado la desintegración e integración de las vanguardias revolucionarias, aparece como una constante la cuestión ideológica.
Los regazos de ideología burguesa y pequeño-burguesa en su expresión izquierdista o derechista la incapacidad para asimilar una verdadera ideología proletaria, están presentes en los desprendimientos que han vivido el Partido y el FLN-FALN. En marzo de 1970 se reúnen en La Montaña, el Buró Político del Partido y la Comandancia de las FALN. Examinan el momento político, las luchas de las masas, la marcha de la unidad y lo fundamental, se profundiza la discusión sobre la nueva etapa en construcción del Partido Revolucionario Marxista-leninista (PRV).
Las resoluciones fundamentales fueron las siguientes:
1.- La necesidad de profundizar, generalizar y desarrollar en cada uno de los frentes de la actividad revolucionaria, la Tesis del VIRAJE TÁCTICO.
2.- Iniciar el desplazamiento de las fuerzas fundamentales hacia las Áreas Estratégicas.
3.- Impulsar los acuerdos unitarios con las otras fuerzas revolucionarias.
4.- Vincular las luchas de la vanguardia con las luchas de las masas como condición indispensable para impulsar el desarrollo general del movimiento revolucionario. La Campaña Operacional que allí se aprueba está enmarcada dentro de esta orientación.
5.- En lo relativo al Partido de la revolución Venezolana:
• Profundizar el proceso organizativo, partiendo de la necesidad de estructurar células de fábricas, barrios, liceos, cuarteles, etc. En este mismo sentido, se precisó el papel dirigente del Partido en el seno de las FALN.
• Incorporar a los organismos regulares del Partido a los militantes marxistas-leninistas que han venido participando en el proceso revolucionario sin estar agrupados en estructuras de Partido.
6.- En vista de la cercanía de las fechas aniversarias del “JLCH”, del centenario del leninismo, la fundación del Partido y la reestructuración del FLN-FALN, se tomaron resoluciones para su celebración nacionalmente. VII En agosto de l970, se realizan nuevas reuniones del BP y la Comandancia Nacional. Las discusiones giran en torno a un problema central: precisar las causas por las cuales a un año de haberse formulado la política del Viraje Táctico, esta línea aún no ha logrado concretarse en un trabajo de masas.
En la discusión se destacaron los siguientes elementos:
l. Con el año l969 se inició en nuestro país un proceso de recuperación del movimiento popular que se evidencia en el ascenso de la lucha de masas (luchas estudiantiles, resurgimiento de las luchas obreras, algunas movilizaciones campesinas, enfrentamientos con las fuerzas represivas del sistema, etc.).
2. Carácter espontáneo de esa movilización popular.
3. Deterioro del régimen de democracia representativa. En general, las instituciones del sistema se encuentran sacudidas por una crisis creciente, lo cual plantea para el aparato del Estado la necesidad cada vez mayor de apoyarse en la fuerza real y concreta que lo mantiene: el ejército, trayendo como consecuencia una militarización más ostensible.
4. Al mismo tiempo, se destaca que en tanto que se produce un proceso de recuperación del movimiento popular, el movimiento revolucionario permanece estancado.
5. Esta situación trae coma consecuencia el que las movilizaciones populares tiendan a la acción anárquica, privada de todo elemento organizativo que le de cohesión a sus luchas y las canalice hacia el logro de victorias reales.
6. Se reafirma la necesidad de un Viraje Táctico en la política del movimiento revolucionario que le permita colocarse a la cabeza de sus luchas, trazándoles un rumbo consciente y dirigiéndolas hacia nuevas etapas de desarrollo.
7. Aplicar esta política exigía:
a) Superar la notoria falla que veníamos arrastrando en cuanto a la difusión de nuestra línea en el seno de nuestra organización.
b) Desarrollar una intensa actividad de clarificación en los cuadros fundamentales de la organización.
c) Elaborar planes y tareas concretas que “permitieran desarrollar esta línea en el seno de las masas, como condición indispensable para romper con el aislamiento del movimiento revolucionario. Dentro de esta idea se discutió todo lo relativo a la preparación y participación en el Congreso Cultural de Cabimas.
Estas tareas adquirieron mayor relevancia al destacarse los problemas más agudos del movimiento revolucionario para ese momento. Tales eran:
l) Persistencia de la división en el movimiento revolucionario, lo cual se traducía en la proyección de múltiples líneas hacia las masas. Estas no eran otra cosa que la expresión de las diferentes posiciones de clase –entre las cuales abundaba el derrotismo, la confusión y el escepticismo como consecuencia de la crisis que liquidó a la pequeña burguesía, la cual venía encabezando el proceso de las luchas políticas desde 1928 hasta 1966.
2) “La lucha armada sigue teniendo un carácter episódico. No existe continuidad en el desarrollo de la guerra. No hay un plan escalonado de acción. Las operaciones militares se desarrollan a saltos sin que se mantenga un hilo permanente de acción…” “…se impone un planteamiento serio, sistemático a la vez que audaz, donde las operaciones de carácter especial no interrumpan la marcha de los planes a largo plazo, que solo los que garantizan la continuidad de la guerra, despojándola de la improvisación, del aventurerismo y el vanguardismo, tanto en las acciones políticas como militares. Es preciso ejecutar operaciones que nos liguen a las necesidades reivindicativas y los conflictos populares en cada momento”.
3) Dispersión de fuerzas y de esfuerzos por una mala utilización de la guerrilla urbana y rural de los cuadros principales lo cual trae como consecuencia un debilitamiento progresivo, por no concentrar los esfuerzos principales en los lugares que así lo requieran (Ver “Guerrilla Rural”)….
4.) Poco desarrollo de la guerra en lo urbano y ausencia de la guerrilla suburbana, lo cual le permite al enemigo concentrar todas sus fuerzas contra la guerrilla rural.
5) Grandes limitaciones de recursos, lo cual exige ajustar nuestra línea en este frente al carácter clasista de la guerra., orientándonos en la consigna de “Apoyarnos en nuestras propias fuerzas” y precisando nuestras principales fuentes inmediatas de recursos: el enemigo y las masas. Por otra parte, en el curso de las discusiones se destacó la siguiente conclusión: “Es imprescindible una concepción marxista-leninista coherente, plantearla ante las masas y, llevarla a la práctica con un lenguaje nuevo que ponga de relieve la lucha de los pobres contra los ricos. Esta es la fórmula para llegar a las masas, para incorporarlas a la revolución y ganarlas para la idea de la violencia popular frente a la violencia de las clases dominantes. La necesidad del Partido Marxista-Leninista, del Partido de la Revolución, se destaca una vez más, pues las luchas de las masas cuando adquieren carácter violento no pueden ser dirigidas adecuadamente sino a través de un instrumento de la ideología proletaria”. Estas reuniones además, inician un proceso de síntesis y sistematización de las experiencias y de los elementos teóricos que se han venido elaborando desde los días de la crisis del PCV, particularmente en lo relativo a las transformaciones operadas en nuestra sociedad en lo que va de siglo, el carácter de la revolución, el problema de los instrumentos, de la estrategia y táctica de la Revolución venezolana y de nuestra línea internacional.
Para el primer trimestre de 197l, un conjunto de acontecimientos de diversa naturaleza se hace sentir en el cuadro político del país, los cuales podemos resumir así:
l.- Los nuevos impuestos a las compañías petroleras y el aumento del precio del petróleo le permitirán al gobierno disponer de una entrada adicional cercana a los 2.000 millones de bolívares al año. No hay duda que esto le permitirá una mayor capacidad de maniobrar, que orientará en el sentido de frenar algunos conflictos de los sectores medios de la población. Pero el mayor volumen de estas entradas será destinado al reparte burocrático, a los gastos cada vez mayores de las fuerzas represivas militares y policiales y a satisfacer las demandas crecientes de ganancias de la gran burguesía.
2.- Los partidos reaccionarios y reformistas inician la campaña electoral. Claramente se observan tres bloques políticos que integran el cuadro de fuerzas del país: el reaccionario, formado por AD y COPEI fundamentalmente, quienes controlan todos los factores de poder y son los representantes directos de la oligarquía y del imperialismo; el reformismo, donde se agrupan el MEP, URD, FDP, PCV, MAS, etc., quienes tratan de presentar una alternativa de poder apoyados fundamentalmente en la experiencia chilena, desconociendo que la realidad venezolana tiene características propias que exigen un tratamiento diferente. Ambos bloques – el reaccionario y el reformista están encaminados decididamente a empujar al pueblo a un nuevo proceso electoral.
3.- El bloque revolucionario, que en su mayoría está constituido por partidos y movimientos ilegalizados, se ha definido claramente por una política revolucionaria ajena a las farsas electorales.
4.- El PCV se divide dando origen a un nuevo partido, el MAS. Los pronunciamientos de ambos partidos reflejan claramente que la división tiene su origen en diferencias de carácter organizativo y no ideológico. Prueba de ello es que, pese a los virulentos ataques que se propinan mutuamente, tienen plena coincidencia en problemas fundamentales, como son: la búsqueda sistemática de alianzas con clases y sectores que representan al sistema, clara y definida política contra la lucha armada y una abierta política electorera.
5. Las acciones armadas empiezan a reflejar la esencia de la nueva línea militar. La última reunión del BP del Partido de la Revolución y de la Comandancia Nacional de las FALN analizó profundamente estos acontecimientos, dedicándole especial atención a la situación que confronta actualmente el movimiento revolucionario y sus perspectivas. Observó que al lado de los factores negativos que indudablemente obstaculizan la recuperación del movimiento revolucionario, existen importantes elementos positivos que serán decisivos para imprimir a las futuras luchas un carácter clasista.
En resumen, los hechos son los siguientes:
1) El movimiento revolucionario no ha superado en su totalidad la etapa de las dificultades heredadas de la gran crisis que confronta la revolución.
2) Persiste la división del movimiento revolucionario.
3) La clase obrera, lo campesinos, los marginados y la clase media empobrecida se mantienen bajo la influencia ideológica y orgánica de la ideología reformista.
4) En el año 70 se produjo un brusco descenso operacional, tanto en lo urbano como en lo rural que repercutió en la moral de combate de los sectores avanzados de las clases populares.
5) Los Partidos y Movimientos revolucionarios siguen siendo fuerzas organizativamente débiles. Sin embargo, pese a estas fallas, el movimiento revolucionario – y en particular el PRVFALN – ha experimentado una recuperación en lo político-ideológico, en lo militar y en lo organizativo, que viene dado por lo que hemos llamado el Gran Salto en el proceso de clarificación ideológica.
Esto se expresa en:
A. Rescate de la ideología marxista-leninista., que hoy en día comienza a ser verdadero patrimonio de los revolucionarios venezolanos.
B. Toma de consciencia sobre la necesidad del Partido como instrumento líder de las clases populares en su lucha por la toma del Poder Político.
C. Comienzan a configurarse las tesis políticas que constituyen la táctica y la estrategia del movimiento revolucionario.
D. Las luchas populares comienzas a romper con la concepción reformista y van adquiriendo cada vez más un carácter clasista. En este sentido se va clarificando el problema de la violencia reaccionaria y de la violencia revolucionaria.
E. Un importante sentimiento de unidad va tomando cuerpo en todas las fuerzas revolucionarias.
F. El aislamiento de las fuerzas revolucionarias va cediendo paso a la cada vez mayor vinculación con las amplias masas populares.
No hay duda de que avanzamos hacia una etapa donde la clase obrera tomará la vanguardia de todas las clases explotadas y empobrecidas y cambiará inevitablemente el rumbo de las luchas por la liberación nacional y el socialismo.
ESTE TRABAJO FUE TOMADO DE LA PUBLICACIÓN “FUEGO” – ÓRGANO IDEOLÓGICO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA (PRV) Nº 4-5 ESPECIAL. Pgs. 3 a 30 – EDITADA EN MAYO DE 1971

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