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LA CONSTITUYENTE PRESIDENCIAL Y SU VINCULACIÓN CON LA GLOBALIZACIÓN

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Una superpoblación de 7.000 millones de habitantes que somos en el planeta en el presente, no puede acceder completa al patrón de vida norteamericana y europea,  por cuanto, el planeta no lo soportaría: un carro por persona; una moderna vivienda con varios aires acondicionados o calefacción; una dieta cárnica que conlleva extensos prados para la cría de ganado, deforestando grandes extensiones de las selvas y bosques tropicales que producen agua y oxígeno; consumo de artículos banales, servicio y diversiones que el mercado convirtió en necesidades. Este patrón de consumo está reservado para una minoría que concentra  todas las riquezas mundiales, ensanchando cada vez más la brecha entre ricos y empobrecidos que deben ser eliminados. Por ello, el capitalismo crea y se alimenta de las crisis que genera, llegado hoy a su más alto nivel que es la globalización, donde el capital no reconoce frontera geográfica ni étnica.

Es inevitable referirse a este contexto al momento de reflexionar sobre la situación venezolana o cualquier otra. No es casual la aparición y propagación de virus que diezman poblaciones humanas tales como el VIH, guerras fratricidas  entre pueblos vecinos promovidas por terceros, el aumento de la adicción a las drogas el crecimiento del negocio del narcotráfico con sus secuelas de violencias y muertes, fenómenos que señalan el genocidio no declarado pero claro  a la vista de todos. Estos signos de muertes son muy visibles en nuestro País, donde en el año 2016 perdieron la vida más de 28.000 ciudadanos/as productos de la inseguridad y de la impunidad con que el estado venezolano la  ampara y la promueve. Se permite que el VIH y otras enfermedades controlables diezmen a los habitantes originarios en su territorio, como está ocurriendo en el Delta del Orinoco y se despide a la Ministra de Salud por declarar las estadísticas del crecimiento de muertes infantiles por desnutrición y enfermedades que ya habían sido controladas.

No se puede perder de vista tampoco la condición de colonia que nunca hemos perdido.  En los planes del capital global, Venezuela debe seguir cumpliendo su papel  suplidor de petróleo, gas, carbón y los minerales tradicionales, además de los emergentes Coltán y Thorium entre otros. Desde las primeras concesiones, ya impregnadas de corrupción otorgadas por el general Gómez a empresas americanas y angloholandesas hasta la creación de las empresas mixtas por Hugo Chávez, que dejaron en pañales al entreguismo de la cuarta República, Venezuela no se ha desviado de la ruta trazada por las potencias extranjeras. La  condición de colonia no ha hecho más que profundizarse en el tiempo con todos los gobiernos de turno, quienes se han adaptado al tiempo histórico en el que les toca actuar, sin salirse del marco colonial.  El actual Gobierno tiene las demandas de  una sociedad global que aparte del combustible fósil, requieren del Coltán para seguir inundando el planeta de teléfonos con obsolescencias programadas, el Thorium para la industria nuclear, el Titanio para la industria espacial, además de oro, diamantes.

El problema del capitalismo aquí y en todas partes, es cómo lidiar con la población sobrante que exige niveles de vida imposibles de mantener en una economía globalizada. En Venezuela el Gobierno de turno ha seguido fielmente un libreto neoliberal adornado con patrones de ¨izquierda¨ y políticas populistas que han ido allanando y suavizando el camino hacia un régimen totalitario que pueda contener la reacción popular a la nueva realidad  de exclusión. Para esta transición cuenta con los buenos oficios de tutores como Cuba, Rusia y China, sumándose a la comparsa los aduladores de la llamada izquierda latinoamericana y mundial con visado de intelectuales, que llaman al hambre, la mendicidad y la muerte por desnutrición inclusión social.

Se afirmaba hacia algún tiempo que el neoliberalismo le daría total preponderancia al mercado y que el papel de los estados quedaría reducido o desaparecería, pero parece que no va ser así. La realidad es que en esta etapa de la historia son los estados los que están despojando y saqueando a los pueblos al estilo de la conquista europea, que con esos métodos se apoderó con sangre y fuego de las riquezas encontradas en los territorios “descubierto”, produciéndose así la llamada acumulación originaria de capital. La modalidad actual del capitalismo internacional es recolonización, a través de los estados nacionales. Gustavo Esteba denuncia como en México el estado les arrebata los territorios a los pueblos originarios sin fórmula legal alguna para entregarlos a los “inversionistas”.

En Venezuela se le está entregando a las mafias  mineras de cualquier nacionalidad el 12% del territorio nacional para extraer a cielo abierto con  la llamada “minería ecológica”, los recurso que necesita el capitalismo globalizado , sacrificando el derecho a existir de por los menos 7 etnias originarias. Igualmente ha ocurrido con los  gobiernos “progresistas” de Brasil y Argentina que han permitido la destrucción sistemática de la Selva Amazónicas y otros territorios a favor de la ganadería y siembra con métodos transgénicos de soya, palma africana y biocombustibles , todo esto cumpliendo los mandatos del capital global.

Los tiempos de la postguerra donde los estados benefactores regulaban  las inequidades socioeconómicas, donde el neocolonialismo había tomado matices más suaves acordes al desarrollo de la civilización, está llegando a su fin para dar paso al regreso del despojo violento, de cualquier territorio donde se encuentren o se presuman que existan recursos importante para el capital global, sirviéndose  de los propios estados nacionales a través de los títeres de turno que tienen en el poder, independientemente de su supuesto tiente ideológico.

La Venezuela del principio del siglo XX, era un País esencialmente agrícola que exportaba cacao, café, batata, adicionalmente ganado en pie y otros rubros en 1917, fecha de inicio de la exportación petrolera. Sus exportaciones agrícolas en ese momento fueron de 108 millones de bolívares contra 90 millones en importaciones. Para 1959 estas mismas exportaciones (sin incluir petróleo y hierro) fueron de 328.820.000 bolívares contra 4.720.245.000 bolívares en importaciones. Según Salvador de la Plaza el imperialismo de esa época.

                … no solo retiene en el exterior la diferencia entre el valor

                de la exportaciones de petróleo, hierro y las divisas que las

                respectivas compañías traen sus pagos en el país, sino que

                además sustraen, en pago de la importaciones que hacemos,

                esas divisas y con ellos arrastra de pasada otros millones ,

                impidiendo de esa manera que se acumule capital nacional

   en el País, indispensable para su desarrollo económico independiente.

 

La llegada del siglo XXI coincide con el arribo de un Gobierno de “izquierda” que profundiza la dependencia de la economía a la actividad petrolera y crea las empresas mixtas,  figura entreguista  no solo del petróleo sino de todos los recursos minerales y naturales. Por lo que es necesario, LA TRANSICIÓN que el Gobierno “Bolivariano” pretende realizar, no de la democracia representativa a la participativa, o del Capitalismo salvaje al socialismo del siglo XXI. La verdadera transición es hacia un régimen abiertamente totalitario, bautizado por el Presidente Maduro como estado comunal, para poder reprimir sin control de ningún poder.

Una capa de la población venezolana, la ex clase media, que fue arruinada, arrinconada y señalada con toda clase de epítetos en estos 18 años, tomo las calles los últimos cuatros meses, porque entendió las intenciones de la cúpula gobernante y decidió ejercer la protestas y la desobediencia civil, derecha establecidos en la Constitución vigente . Tras dejar más de un centenar de muertos en el asfalto, miles de presos/as y torturados/as, observa ahora como se impuso la constituyente presidencial y se presencia un nuevo pacto electoral entre la MUD y el PSUV. Se ha impuesto hasta ahora la formula elaborada por el capital global y tutoriada por el gobierno cubano de mantener a los habitantes de los barrios padeciendo hambruna y escasez total de medicamentos, aferrados a las colas para adquirir los artículos regulados cada vez más disminuidos o muriendo de mengua en los CDIS o en emergencias hospitalaria pública. Según sus cálculos, mientras la gente común se mantenga en la dinámica de la supervivencia, no se sublevará y el que lo haga sufrirá el encarcelamiento de 15 a 25 años de cárcel anunciado por la constituyente presidencial. La cola produce parálisis psicológica y sigue siendo usada como instrumento de alienación, fortalece el enfrentamiento de los pobres contra los pobres y la corrupción.

Solo falta que el pacto se consolide y se recobre la paz social dentro de un nuevo andamiaje político y jurídico totalitario (a lo cubano o chino). Se venderá la falsa de chambas seguras que abra las puertas a la juventud venezolana en la explotación del Arco Minero del Orinoco o a través de formación para el trabajo, donde la inclusión consiste en no aprender nada. A fin de cuentas esta juventud nacida en “revolución” no conoció el régimen laboral que garantizaba ciertas garantías y derechos como la huelga. Para este fin se hizo el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de regionalización integral para el desarrollo socio productivo de la Patria, publicado en Gaceta Oficial el 18 de noviembre de 2014 que legaliza el funcionamiento de las maquilas en Venezuela, además, de  otros instrumentos legales que favorecen la explotación sin derecho a protestar, solo nos falta ver que nuevas sorpresas-esperadas, nos traen este nuevo pacto y su constituyente presidencial. Y que nuevo eslogan crearan para sustituir su ya gastado “guerra económica”.

 

Antes de que diezmen la mitad de la población con el hambre, la desnutrición, falta de medicamentos e inseguridad debemos mantener la desobediencia civil en las calles.

 

Antes que se consolide el pacto y su constituyente presidencial luchar hasta vencer.

 

Tercer Camino Aragua

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